12  Julio, 2016

El rock argentino hace ruido en el verano norteamericano



CHICAGO.- Hacer ruido. Make some noise. De eso se trata este festival de música de tres días que gira en torno del latin rock. O Al rock alterlatino. O como quieran nombrarlo. Una patria musical que nació al sur del Gran Cañón del Colorado y que tuvo su primer hito en los Estados Unidos hace exactamente 18 años, cuando Los Fabulosos Cadillacs ganaron el premio Grammy. Ahora, con la mayoría de edad recién cumplida y el segundo encuentro Ruido Fest recientemente finalizado, podemos decir sin temor a equivocarnos que esa patria sigue viva. Sólo que hubo un tiempo que retrocedió para tomar impulso.

Como toda patria tiene su cultura y hasta un lenguaje propio, que se percibe aquí en el barrio, pero también "hipsters norteamericanos que se sienten a gusto en esta zona", nos cuenta Eduardo Calvillo, uno de los productores del festival. Se trata de un área a 20 minutos del centro, históricamente poblada por diversas corrientes migratorias. La que actualmente la habita tiene la fuerza y el ímpetu de los millones de aztecas que vienen a los Estados Unidos en busca de una oportunidad de progreso. Lo paradójico es que esta minoría aquí es multitud y los menos son los "dueños" del país.

Es la ciudad de los vientos Chicago, pero también la de los festivales de rock. Este último fin de semana le tocó a Ruido Fest; el próximo será el turno de Pitchfork, y antes de que termine el mes habrá lugar para Riot Fest y Lollapalooza. Y también de los shows individuales: Adele, Duran Duran, Sting y Peter Gabriel juntos, entre muchos otros, pasaron por aquí en estos últimos días.

De spanglish y mixturas varias

Sobre cualquiera de los tres escenarios de este festival, que nació en 2015 con Café Tacuba como número central y que logró traer este año a Los Fabulosos Cadillacs para coronar la segunda edición, puede escucharse a un músico cantar en español y dirigirse al público en inglés, hacerlo al revés o empezar un monólogo con una lengua y finalizarlo con otra. Como "nuestro" portuñol, aquí se escucha y se habla una nueva lengua, un spanglish que no se detiene en fronteras ni en muros, sino que viaja por los aires.

El candidato republicano a presidente, Donald Trump, es el blanco predilecto de las bandas mexicanas que guardan una actitud y una preocupación social. Y su figura es asociada por los músicos a la de la discriminación y la falta de oportunidades para la comunidad latinoamericana. La violencia racial y los hechos tan recientes como el asesinato de cinco policías en Dallas se palpan en las calles y se vuelven palabras aquí en Ruido Fest. "Da la sensación de que estamos volviendo a la violencia de los años 60. Nuestro deber es denunciarla, hablar de la discriminación que vive nuestra comunidad", comentan en conferencia de prensa los músicos de La Santa Cecilia. Precisamente ellos son un símbolo potente que irradia este encuentro cultural: sus músicos, que son mexicanos, debieron esperar a tener los "papeles en regla" para salir a tocar y su cantante, la exquisita Marisoul, es una angelina, hija de mexicanos y tan azteca como sus compañeros de banda.

Volver a volver, de eso se trata. Sin un Soda Stereo como punta de lanza, pero con Los Cadillacs en la ruta y con una extensa gira que seguirá en lo que resta del año y el próximo también, el rock argentino se vuelve a probar muy lejos de casa. Y el cincuentenario parecería haberle caído muy bien. Ahí están Los Cafres haciendo delirar a un público que conoce a la perfección sus temas, o Estelares apostando a sus canciones irresistibles. O Banda de Turistas tocando una noche en una fiesta del festival y al día siguiente, en el tercer escenario del encuentro que permite una cercanía casi inusual entre público y banda. Y qué decir de Miranda!, que impuso sus condiciones para decretar una fiesta en el exacto instante que subieron al escenario. Y Los Pericos, que sacan a relucir una artillería de clásicos irresistibles de la Argentina a Estados Unidos, pasando por cada uno de los países que hay entre ellos y que Juanchi Baleiron se encarga de nombrar para el delirio del público.

Algunas de estas bandas vienen de tocar en Nueva York, como Los Cafres, Los Pericos y las chicas de Ibiza Pareo. Por caso, Baleiron y los suyos están realizando una extensa gira norteamericana que continuará por Nashville, Miami y Tampa. Tanto ellos como Estelares tienen nuevos discos a punto de ver la luz, y la imagen que dan en escena irradia seguridad, aplomo y un entusiasmo propio de bandas que recién comienzan. O que volvieron a nacer.

Cuando Vicentico, ya en el final de un show soberbio y ante un coro espontáneo de más de 15 mil personas (35 mil acudieron a los tres días del festival, 10 mil más que en su primera edición) canta "Matador", esos cien barrios porteños se erigen en una imagen potente, en una metáfora demasiado robusta para no ser cierta. "El rock en español nació en la Argentina", habían comentado un día antes los Estelares sin soberbia, pero con seguridad en la conferencia de prensa. Y ese primer paso, ese gen, hoy parece estar despertando con la misma fuerza que lo haría un dinosaurio (sí, vivo).

Entre "V Centenario" y "Matador" el show de LFC fue una clase de todo lo que hay que hacer en un escenario al aire libre, en una agradable noche de verano y como cierre de un festival. Porque la ansiedad del público se calma con potencia y la fiesta se enciende con un arsenal de clásicos que hilvana un viaje en el tiempo, una playlist que cada espectador completa con sus recuerdos. "Demasiada presión", "Siguiendo la luna", "El genio del dub", "Mal bicho", "El león", "Vasos vacíos"... Un show condensado en noventa minutos sin pausas, como ese boxeador que no para de impactar sus puños contra el rival. Y así nos vamos, con el alma "moretoneada", silbando alguna de esas canciones adheridas a nuestra historia. Al fin de cuentas son cinco décadas de buenas canciones y tanto Los Cadillacs como Los Cafres y Los Pericos participaron en treinta de esos cincuenta años. Es hora de volver a renovar el pasaporte. Y de invitar a los más jóvenes a hacer lo propio.

Sebastián Espósito para el diario argentino La Nación


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